No me conformo,
porque no entiendo
cómo la sociedad tiene que ser entendida,
-adhiere sus bases, sus conceptos, con chinchetas en las venas-,
y a ti más te vale cerrar la boca.
A nadie le interesa
qué puedas decir.

Cuando llores de espaldas al comedor
alguien te pegará un cartel por detrás,
-los roles, la muerte y las fotos de carné se digieren entre el almuerzo y el desayuno-,
y tendrás que conformarte.

Y callarte.

sh.

Puedes hacer las maletas
pero no te dejan irte.
Pon tus manos en el suelo,
somete tu espíritu al mando de la tele,
busca una alternativa a vivir tu propia vida
y deja que te pongan un nombre fácil de recordar.

Seré quién quieras que sea.
Me pregunto quién era antes de conocerte.
¿Quién soy ahora que creo haberme deshecho de ti?

¿Duermes debajo de mi cama?
¿Me besas justo antes de dormirme?
Culparte me lleva a dónde el barro desaparece por combustión.
Nos hemos perdido desde mucho antes de mencionar la no huida.

Tus errores están
escritos,
verticales,
en el cabecero de la cama.
Cual epitafio ilustrado por niños de primaria.

Estar sola con fantasmas de ojos verdes
que parece que no están,
pero que mienten
cada vez que
tu misma
te miras al espejo,
no es tan difícil de sobrellevar.
No, si tienes en cuenta el nido de arácnidos
del garaje.

Aprende a matar callando,
a morir callada,
a comer polvo bajo la cama de los que un día te quisieron.
Aprende,
de una
puta
.
vez
.
a sentirte sola.